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17 jun.

Ciencia y Derecho

Se dice que las Humanidades contribuyen muy poco a la economía del país. De donde se concluye que invertir en ella no resulta rentable, campo el de la investigación vedada a la Ciencia y la Tecnología, motivo que justificaría que se potencien los estudios técnicos universitarios frente a los de Humanidades.

Pero lo cierto es que a raíz de la crisis económica y los casos de corrupción que asolan al país se está poniendo el acento en la compatibilidad entre incremento de la productividad y ética, es decir, la vida es algo más que la productividad. Valores como solidaridad, empatía, igualdad, justicia social, solo desde las Humanidades pueden darse respuesta. De hecho, la tendencia va dirigida a la formación de una cultura humanista en la que cobra más importancia asignaturas como la Ética y la Responsabilidad Social. De ahí, que nos preguntemos si las empresas podemos ser económicamente productivas siendo éticamente responsables. Parafraseando a la Catedrática de Ética y Filosofía Política, Adela Cortina, las Humanidades no sólo nos ayudan a vivir nuestra común humanidad con sentido más pleno, sino también incrementan esa soñada productividad que tiene su peso en euros.

En el ámbito jurídico, también nos hemos acostumbrado al tópico de separar Ciencias y Humanidades o Ciencias Naturales y Derecho, sin conciliar la perspectiva científica y jurídica. La realidad es que los juristas dada la limitación más allá de nuestra propia experiencia acudimos a la figura de los peritos para el conocimiento especializado. De hecho, en numerosos pleitos quien inclina la balanza de un lado u otro es el perito. O qué decir sobre la contribución de las Ciencias al Derecho Penal, concretamente, los avances en determinar la culpabilidad en materia de ADN…

Por lo tanto, Ciencia y Derecho no son incompatibles entre sí, sino formas de saber complementarias e imprescindibles.

Aunque solo sea por homenajear a aquellos científicos que como Copérnico estudiaron Derecho, el esfuerzo habrá merecido la pena.